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09/11/2017
¿EL COSTO DE ALQUILAR TU VIENTRE?

El hombre desde sus inicios fue creado por Dios para dominar la tierra. No cabe duda de los grandes avances que ha logrado a lo largo de la historia: la imprenta, la electricidad, las telecomunicaciones, etc. Sin embargo, podemos preguntarnos: ¿qué busca el ser humano con todo esto?, ¿realizar el plan divino de hacer un mundo más digno?

El mandato de Dios se extiende a todos los ámbitos. También al terreno de la persona humana: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. La perfección del ser humano integral: cuerpo y alma.

Y para ello Dios le ha dotado de la capacidad de la creatividad que no es otra cosa que cooperar en la creación, a través de la ciencia y la tecnología.

Estos medios son buenos en sí, siempre y cuando respeten el “orden” de la creación. No todo lo que puede hacerse a través de la ciencia y la tecnología debe hacerse.

El hombre con ese poder que Dios le da y con un anhelo de exploración se adentra en el área genética. Busca crear vida a través de la inseminación artificial. Primero con animales, después da un salto muy rápido, parecería que sin pensarlo demasiado, sin analizar consecuencias, al ámbito de los humanos.

La primera mujer lograda a través de la inseminación artificial o inseminación in vitro, (fecundación en un tubo de ensayo en el laboratorio), fue Louise Brown, en Inglaterra, en 1978. El costo humano ascendió a 600 intentos fallidos. La razón de base era colaborar con los padres que no habían procreado de forma natural, tratando de acoger la vocación, sobre todo en la mujer, a transmitir la vida, a ser madre.

El trabajo se hace en un laboratorio, después el embrión es depositado en el útero de la madre, o en un vientre alquilado para formarse y dar a luz. En nuestros días hay clínicas que se dedican a la inseminación in vitro. Su objetivo es satisfacer la demanda de “un hijo”, inicialmente en parejas que no han podido tenerlo, y que quiere satisfacer el “legítimo derecho de ser padres”.

Ahora se dan miles de nacimientos anuales en diferentes partes del mundo. En el 2015 el doctor peruano Roly Hilario habla de 5 millones de bebes traídos al mundo de esta forma (publicado el 21 diciembre en YouTube). Algunas clínicas se encuentran en Estados Unidos, en la India, México, Ucrania. Sin embargo, hay un costo atrás en todo este proceso. Y el precio más alto empieza cuando no se respetan las vidas que inician en el momento de la unión del espermatozoide y el óvulo.

Para lograr el éxito de la posterior implantación del embrión, obtenido mediante la unión in vitro en el útero o en las trompas de Falopio, se fecundan varios óvulos, de forma que, si el primer intento de implantación fracasa, se tienen en reserva otros embriones, es decir otros seres humanos que son congelados, sacrificados y usados para a la investigación científica.

¿Existe una ley en México que proteja los derechos de las personas desde su concepción? Parece que las leyes se adecuan a las demandas económicas sin que se marquen límites que consideren el respeto a la dignidad de cada persona.

Si hablamos de millones de personas concebidas de forma artificial podemos hablar de muchos millones de niños más que son sacrificados para lograr estas vidas. ¿Es válido que se cumpla el deseo de los padres a costa de tantas vidas de niños inocentes? ¿Podemos llamar desarrollo de la humanidad? ¿Quién regula o vigila estos procesos de reproducción extrauterina en laboratorios? ¿Quién reporta el número de vidas perdidas? ¿Quién defiende a esos niños expuestos al capricho, negligencia y negocio?

¿Quién castiga a estos asesinos ocultos? ¿Dónde se perdió el eslabón que convirtió al hombre en su peor verdugo? ¿En qué valores o justicia está sustentada esta práctica? El exterminio de seres humanos después de la Segunda Guerra Mundial, hasta nuestros días, alcanza cifras espeluznantes. Además de esta descalificación y exterminación de vidas, ¿Qué sucede con los niños que logran ver la luz? ¿Cuál fue su proceso? ¿Cuál el impacto psicológico y social?

Si los espermas y óvulos fueron comprados en bancos o a través del internet, se les priva del legítimo derecho que todo ser humano tiene de conocer su genética, orígenes, su filiación biológica y todo lo que esto conlleva.

A estos seres humanos antes se les privó de ser concebidos en un ambiente cálido de amor esponsal, y se les trajo a la vida a través de la manipulación fría de espermas y óvulos en un laboratorio.

Ahora se les expone a ser adquiridos por parejas del mismo sexo, o por un hombre o mujer soltera incluso de edad muy avanzada, que tienen el deseo de ser “padre o madre”. Se pierde de vista en todo este proceso que el hijo (el ser humano) no es un “producto”, “un objeto del deseo”, sino un DON, un “regalo”. El ser humano nunca puede ser querido como un “medio”, porque incluso para Dios no somos “medios” para realizar su “Plan”. Sino somos seres únicos, con los cuales sólo son posibles relaciones interpersonales, de tú a tú. Y “alianzas” fruto de la entrega de personas LIBRES. Al cambiar el sistema tradicional de familia se expone a estos niños en su proceso natural de comprensión e identificación, además tiene un costo social inimaginable. Estas mujeres que por necesidad alquilan sus vientres para gestar un niño deberán entregarlo al darlo a luz. De alguna manera quedan cosificadas, instrumentalizadas y sufren su propio calvario, corren riesgos físicos psicológicos y emocionales; estas mujeres reciben entre 5 y 8 mil dólares, mientras que la clínica cobra 100 mil dólares.

Tabasco fue el primer estado en México en legislar el alquiler de vientres. El ex gobernador Roberto Madrazo envío la iniciativa misma que fue aprobada 1998. En la Ciudad de México desde el 2010 se permite por ley prestar el vientre. El primer paso da pie al segundo, si hablamos de que México ocupa el lugar 13 de corrupción a nivel mundial.

Estamos viviendo la técnica por encima de la ética, ya que la medicina se pone al servicio del cliente y no de la vida. Ante esto es urgente preguntar: ¿debe el ser humano hacer lo que puede y quiera hacer?

Incluso para una moral laica, la libertad humana está limitada por la libertad de las demás personas; la libertad termina cuando se afecta a terceras personas. En este caso la libertad de unos padres deseosos de ejercer la paternidad ha provocado sin duda un holocausto mayor que en los campos de concentración nazis o soviéticos. Con una variable a favor de los que están involucrados en este proceso, los niños que han muerto son los seres humanos más desprotegidos, porque no tienen voz, ni siquiera figuran en un Registro Civil, no se contabilizan y su muerte ha pasado desapercibida. Si partimos de la realidad, probada científicamente, que existe una persona humana desde el momento de la concepción, es decir desde la unión entre el óvulo y el esperma. Las técnicas de reproducción asistida y la gestación a través de los vientres de alquiler, atentan gravemente contra la dignidad de la persona, fundamento del orden jurídico y de la paz social de toda sociedad que se considere verdaderamente humana.

Cuando el ser humano se deja llevar por la pendiente resbaladiza del tobogán del: “todo lo que se puede hacer, se debe hacer”, incluso cuando se pisotea la dignidad de la persona y los derechos inalienables, el hombre cae en el permisivismo.

De ello se desprende el derecho a la vida, que conlleva: “no venir a la existencia a cualquier precio”, sino “venir a la vida como una persona, como alguien que es un fin en sí mismo, no un medio para satisfacer deseos, aspiraciones de otros, aunque sean los propios padres”. Desde ese momento, el ser humano se convierte, como señaló el filósofo Hobbes en: “un lobo para el hombre”, un ser despiadado que, como el dios Saturno, se “come a sus propios hijos”.

Y el no tener en cuenta la dignidad de cada persona humana es olvidar lo que somos, e ir en contra de lo que somos, nuestra forma de ser que nos diferencia de todo lo creado. Una vez más se va contra la naturaleza. Y se nos olvida recordar que la naturaleza no perdona. Esta historia nos recuerda la creación ficticia de Frankestein. La realidad parece demostrar que se ha creado un monstruo que, en apariencia, ya no se puede controlar. Sin embargo, se puede volver atrás, y volver a colocar como fuente del actuar humano: en la ciencia, en la técnica, en la biomedicina… el valor que toda persona humana tiene, su dignidad, su ser fin en sí mismo y no medio, de nada y de nadie, y todo ello, porque el ser humano es “IMAGEN DE DIOS”, desde la cuna (que es el útero materno) hasta la tumba.

María Teresa González Maciel
Maestra. Psicoterapia de pareja







26/01/2016
Enfrentando y liberando los miedos

“Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos”.
Marie Curie, física francesa

Escuchar la palabra miedo, muchas veces produce miedo.

Y es que el miedo es una de las emociones básicas necesarias que compartimos todos los seres humanos. Esta emoción es vital para manejarse ante el peligro, para responder y adaptarse a una situación de riesgo.
Todo miedo activa nuestro sistema de alarma y nos lleva a la acción para reaccionar con cautela, defendernos, retirarnos… Los miedos nos llevan a buscar protegernos.

Hay miedos innatos, instintivos necesarios para sobrevivir, miedo al abandono a la obscuridad, a un alacrán, a las alturas. También se teme el dolor físico o emocional.
Otros miedos pueden ser aprendidos por una mala experiencia o por imitación por ejemplo el miedo a los truenos, a la lluvia, a manejar un automóvil.

Hay otros miedos que llevan a actuar, a crecer, a superar retos. Son  situaciones difíciles que al enfrentarlas y superarlas colaboran en el fortalecimiento de la autoestima tales como pasar un examen, exponer un tema en público, conseguir un puesto importante en el trabajo.
Dentro de los miedos existen modalidades que pueden llegar a grados altamente patológicos y postrar a la persona en una depresión o parálisis. Una de ellas son las fobias, ese temor intenso e irracional, de carácter enfermizo hacia una persona, cosa o situación. Otro es el pánico que es un miedo repentino muy intenso y manifiesto especialmente en situación de peligro. Y uno más la ansiedad, miedo extremo y preocupación que perdura.

 En ocasiones los seres humanos se crean miedos inexistentes o distorsionan la realidad provocándose una inmovilización o huida innecesaria. De esta manera  las personas se encarcelan a sí mismas, teniendo actitudes paralizantes, aislamientos sociales y  evitaciones para no enfrentar un peligro que en no pocas ocasiones solo existe en la mente o que de ser reales, se pueden vencer con un trabajo de exposición a las situaciones que se consideran peligrosas hasta lograr superarlas. Estos miedos afectan la vida familiar, laboral, social.

Finalmente existen miedos que pocas veces se confrontan y que quizá son más urgentes y necesarios de resolver y que sin duda nos llevarían a una auténtica libertad. ¿Por qué se tiene  miedo a profesar la fe, a actuar con justicia, a amar, a solidarizarse con el necesitado, a salir del propio egoísmo? ¿Por qué no buscar salir de estos miedos empezando por practicar la entrega con los que están en nuestra propia casa?

Los resultados no se pueden lograr de la noche a la mañana, es necesario ir dando pequeños pasos en la consecución del objetivo.
Algunos puntos que pueden ayudar a liberar los miedos:

Prepararse y planificar la forma de afrontar y superar primero los menos importantes, para ir ganando confianza y destreza; y posteriormente enfrentar los más fuertes. Si se enfrentan y se consiguen pequeños logros se va superando el problema. Si se evitan se refuerza el acto de seguir evitando y se incrementa el miedo a enfrentarlo.

 En la Biblia se hace alusión 365 veces a no tener miedo, desde el principio. Adán cuando Dios lo llama se esconde por temor porque su desobediencia le había mostrado su fragilidad humana. Que bien conoce Dios la debilidad del hombre que parece recordarle cada día del año que no tenga miedo de visitar a sus hermanos presos, a sus hermanos enfermos, a los que tienen hambre material y espiritual, que no tenga miedo de salir a su encuentro de abrazar, de sanar, consolar, compartir, defender sus derechos, compartir su fe, sus conocimientos. Y todo esto con la certeza del apoyo constante de Dios para superar cualquier tipo de temor.

No tengáis miedo que yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”.  Mt 28,19

María Teresa González Maciel
Psicoterapeuta de Familia Unida







13/11/2015
Abuelos que permanecen

“Los abuelos son una deliciosa mezcla de risas, cuidados, historias maravillosas y amor”, Anónimo

Todos los abuelos, sin excepción, son recordados. Unos con grata memoria, otros de ingrato recuerdo.

Algunos abuelos dejan un vacío en quienes están cerca o lejos de ellos, porque se definieron por un estilo de vida, en el que manifestaron resistencia a convivir con los hijos de sus hijos. Y es probable que tampoco se dieron tiempo de convivir con sus vástagos.

Lo paradójico es que estos abuelos de ingrato recuerdo, centrados en sus propios intereses, no pocas veces exigen, en su edad avanzada, ser atendidos por hijos y nietos, sin que estos puedan lograr cumplir con sus exigencias. Ellos en su comportamiento gustan de señalar los errores que ven en sus nietos, los critican al mismo tiempo que expresan intolerancia ante sus fallas.

Hay otros que a pesar de los años y el cansancio se alegran en servir, escuchar, alentar, les gusta compartir sus conocimientos, vivencias, valores, su fe. ¿Por qué? Lo más común es porque cuando fueron padres vivieron una vida de entrega y amor. ¿Qué sucede cuándo llega los nietos?, manifiestan un interés genuino por las cosas que suceden en la vida de sus nietos. Saben ser amigos, confidentes, consejeros, intercesores, al mismo tiempo que saben acompañar en los momentos difíciles y procuran dar un cariño especial a cada uno de sus nietos, sin distinción.

Estos abuelos cuando han sabido vivir con la libertad y la guía de Dios, adquieren la sabiduría, visión de la vida, y las virtudes que han pasado a formar parte de su esencia.

Ante este regalo que reciben de ser abuelos ellos deciden armar, consolidar, decorar el legado que dejaran a los suyos, dádiva que permitirá que su presencia nunca muera.

Piensan y aciertan al pensar que la propia vida es el mayor capital que se deja: herencia de amor, paciencia, firmeza, fortaleza, solidaridad, escucha y bondad.

Los nietos que han sido privilegiados con semejantes abuelos, a pesar de no tenerlos cerca de ellos, fácilmente evocan en momentos tranquilos o difíciles de su vida ese calor antiguo. Esos tiempos en que se acunaron en los brazos de los abuelos que experimentaron la emoción de sentirse amados, valorados, comprendidos. ¿Puede haber un mayor regalo para un niño, un joven, una persona mayor?

De esta forma los abuelos se convierten, aún después de alejarse físicamente, en motores que impulsan a ser mejores, en oxígeno que nutre la vida en los momentos de dificultad. Basta rememorar sus gestos, palabras, ternura para querer imitar sus estilos de vida, para llenar el alma de gozo al traer a la memoria sus palabras de aliento y cariño.

Los recuerdos de los abuelos son de los más entrañables, sólo se necesita traerlos a la memoria para sonreír, tomar una decisión, cargar baterías, volver a sentir el apoyo y el impulso, para vencer los propios retos que tiene la vida.

Los abuelos son capaces de curar las alas para emprender de nuevo el vuelo, tienen el arte de secar las lágrimas, de sanar las heridas, de sacar lo mejor y lo inimaginable de esos seres que son sus nietos. Los abuelos son el gran regalo que nunca nos cansaremos de agradecer.

María Teresa González Maciel
Consultora de Familia Unida Guadalajara







10/11/2015
¿Es posible ser feliz?

“Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque no se turbarán por lo imprevisible”

Santo Tomás Moro

Hablar sobre la posibilidad de ser feliz es uno de los temas más complicados. ¿Por qué? Porque no se acaba de definir lo que es y significa la felicidad. Algunos señalan que está en el tener, otros se inclinan a pensar que en el ser.

Quienes sostienen que la felicidad se relaciona con tener dinero, salud, propiedades e incluso bienestar creen que al poseerlos arriban a la tierra fértil de la felicidad plena. Concentran su atención en adquirir esos bienes con la idea de alcanzar la felicidad, pero se encuentran con la sorpresa, de que no está allí.

Los que se definen por el ser llegan a niveles muy altos de amor y felicidad; demuestran con su testimonio que a pesar de las carencias, de no tener bienes materiales, encuentran la plenitud en su vida.

Hay personas que, teniendo aparentemente todo, buscan la felicidad lejos de la armonía de cuerpo y espíritu. Deciden buscar la euforia momentánea en la droga, sexo, alcohol… esas adicciones incontrolables que los llevan a la auto destrucción (como el caso de la cantante Amy Winehouse que falleció a los 27 años por el abuso excesivo de alcohol).

El Caso contrario, de amor a la vida lo vemos en Daniela García Palomer, joven chilena quien en 2002 y a sus 22 años, sufrió un accidente en un tren en el que se vio afectada en sus 4 extremidades. A pesar de este evento dramático que a muchos los podría llevar a la depresión, o al deseo de morir, ella externó su deseo de vivir.

Daniela decidió seguir adelante, terminar su carrera de medicina y lograr ser la primer médico en el mundo con sus 4 extremidades amputadas. La joven chilena no se concentró en lo que perdió sino en vivir su vida como un don hermoso recordando las palabras que le dijo su doctor: “Tu vida será lo que hagas con ella”. Posteriormente se casó con Ricardo Strube y escribió el libro Elegí vivir. Su testimonio ha servido de ayuda para muchas personas que se encuentran en situaciones similares.

La felicidad de la vida está en un abanico de posibilidades que conlleva días obscuros y días luminosos. Esto permite valorar los momentos de abundancia y aprender de las situaciones de estrechez. A valorar el amor porque se ha vivido el desamor; la paz porque se conoce la guerra; la comprensión porque se ha experimentado la incomprensión; a disfrutar la salud, y a buscar la enseñanza que está latente en una enfermedad; también a disfrutar una gran comida y en los momentos de hambre; aprender a crecer en la comprensión de nuestros hermanos que viven constantemente con esa necesidad vital que no logran satisfacer.

Y si la vida tiene luces y sombras… ¿cómo lograr ser feliz?

La decisión final está en nuestro interior, en la actitud que tenemos frente a la vida, en la forma en que afrontamos lo bueno y lo malo que se presenta, para sacar bienes de ellos.

Boecio define la felicidad como “el estado en el cual todos los bienes se hallan juntos”. ¿Y cuáles son estos bienes?, el primero y más grande es Dios. A partir de Él se busca hacer crecer otros bienes o virtudes, que son los valores hechos vida; el amor, comprensión, misericordia, honestidad, fortaleza, paciencia, lealtad, amistad, solidaridad etc. Buscar hacer buen uso de los bienes económicos, de la salud y de la prosperidad.

Si recordamos que “somos lo que comemos” podemos ver con más claridad qué alimento es el que nos nutre diariamente. ¿Son pensamientos, sentimientos y acciones que nos conducen al bien? Si es así vamos por el camino correcto que además nos lleva a la salud física, espiritual, psíquica y emocional De manera constante tomamos decisiones sobre cómo vivir la vida. Si en cada acto se decide elegir el bien o el amor, llenamos la vida con la felicidad que procede del interior, de lo más profundo del ser humano. Allí es donde encontramos a Dios, a ese Dios que está presente también en los más necesitados, y que con su gracia logra que los ciegos enseñen a ver lo que los videntes no pueden ver, y que los sordos enseñen a escuchar lo que no escuchan los que oyen.

María Teresa González Maciel
Consultora de Familia Unida Guadalajara







08/06/2015
Fidelidad es más que no engañar.

En la mayoría de las personas podremos encontrar la idea de que la fidelidad conyugal consta en no tener una relación emocional con otra persona, pero pocos saben que la verdadera fidelidad en la pareja va más allá de esto. La fidelidad es reservarse y entregarse completa e incondicionalmente al amado. José Ortega Y Gasset decía que “La lealtad es el camino más corto entre dos corazones”.

La fidelidad es la virtud para dar cumplimiento a una promesa. El término proviene del latín fidelitas y también permite hacer referencia a la exactitud o puntualidad en la ejecución de una acción. Si bien la fidelidad no es algo propio y exclusivo de la relación de pareja (se puede ser fiel también en la amistad, en el deber, a ideales, etc.), sí es este contexto donde se tiene que dar de una manera muy peculiar y especial.

Muchas personas piensan que la fidelidad se limita al aspecto sexual, ante esto, Fernando Savater aclara que “la fidelidad es tener fe, ser fiel a alguien, pero en un sentido más amplio: tener fidelidad a su afecto, a sus gustos, hacer las cosas por cariño, por interés de verla vivir mejor, pero no exclusivamente en el terreno sexual”.

Al momento de contraer matrimonio hacemos una serie de promesas hacia nuestra pareja. El ser fiel, además de no engañar a nuestra pareja con otra persona, implica dar cumplimiento a cada una de esas promesas que hicimos. La fidelidad supone seguir un proyecto de vida en común que se establece a partir del acto de la promesa.

De tal manera que no es suficiente no engañar, no es suficiente el perdurar en la relación, “ser fiel no significa sólo mantener una relación a lo largo del tiempo, pues no es únicamente cuestión de tiempo sino de calidad. Lo decisivo en la fidelidad no es conseguir que un amor se alargue indefinidamente, sino que sea auténtico”, puntualiza el catedrático español  Alfonso López Quintás.

Es importante puntualizar que la fidelidad hacia los demás se desprende en gran parte de la que tenemos hacia uno mismo. En la medida en la que no nos traicionemos y defraudemos a nosotros mismos, en que trabajemos por ser personas rectas, integras y transparentes, es en esa medida en que tendremos preparado el terreno para ser fieles con los demás. Hay que buscar siempre ser la mejor versión de sí mismo, el verdadero amor así nos lo exige.

Para ser fiel es necesario que desarrollemos en nosotros diversas virtudes y vivir día con día la decisión que tomamos de elegir exclusivamente a nuestra pareja. En una ocasión escuche decir a una persona que estaba siendo infiel durante el noviazgo para poder ser fiel ya en su matrimonio. Actuando bajo esta lógica lo único que estaba logrando sin darse cuenta era poner todo lo necesario… pero para ser infiel también en el matrimonio. La fidelidad no se da de manera automática al contraer matrimonio, es algo que se tiene que practicar desde toda la vida.

El escritor y poeta francés Georges Duhamel decía “Nunca he engañado a mi mujer. No es ningún mérito: la amo”. La fidelidad es una expresión del amor, pero de un amor verdadero, maduro. Si en verdad amo a mi pareja y reconozco el valor de nuestra relación conyugal, será poco probable que sea infiel en mi relación. Pareciera redundante, pero, para prevenir la infidelidad la mejor solución es amar.

LCF Francisco Peralta Dávalos
Familia Unida Guadalajara
www.familiaunidagdl.org
formacion-gdl@familiaunida.org
Tel. 3642 9996
Aldous Huxley 5175, Jardines Universidad, Zapopan, Jalisco.










05/05/2015
Hombres Valientes

Muchos hombres han tenido un papel crucial a lo largo de la historia, desde un Leónidas que combatió, en la batalla de las termopilas, con alrededor de 300 hombres contra un ejército persa abrumador en número y armamento, hasta a un Abraham Lincoln combatiendo la esclavitud a pesar de un escenario adverso, o un Nelson Mandela luchando por el reconocimiento de la raza negra y la reconciliación de todo un país. Pero no estamos hablando de cualquier tipo de hombres… estamos hablando de hombres virtuosos, hombres valientes. Mucho se está estudiando (y descubriendo) que existe una crisis, más allá que de valores, de virtudes. Mucho se está observando sobre una generación que da signos latentes de ser sumamente vulnerable, frágil, en donde se está presto para darse por vencido y cualquier esfuerzo por perseverar se ven casi como una pérdida de tiempo, un sinsentido. Donde la “salida fácil” o la solución más sencilla para cada uno de nosotros es la que se toma, sin tomar en cuenta a quienes nos rodean. La crisis de fondo es que los hombres virtuosos escasean.

Para amar se requiere ser valiente. Una de las definiciones de valiente hace referencia al que “actúa con valor y determinación ante situaciones arriesgadas o difíciles”. Y ciertamente, en la actualidad pareciera que amar es algo arriesgado y/o difícil e incluso en no pocas ocasiones algo prácticamente imposible. Estamos acostumbrados por una parte a lo desechable e inmediato y por otro lado nos encontramos con una cultura del egoísmo, donde lo que me haga “bien” a mí es lo mejor. Y el amor nos requiere todo lo contrario; el amor reclama eternidad y nos pide un “para toda la vida” y que nos donemos por completo, sin reservas, a la otra persona.

Lo que se requiere, y más en la actualidad, son hombres valientes, hombres virtuosos que no tengan miedo de hacer frente a las adversidades, que sepan responder a ese llamado de ser líderes y cabezas de un hogar. Hombres que sean capaces de donarse y de “arriesgarse” a vivir el reto del amor con la frente en alto y que no ante la primera tribulación, discusión o crisis en la relación se salga corriendo. Tal vez a muchos de nosotros no nos toque tener que luchar con espada en mano o el transformar todo un país, pero nuestra mayor lucha será en nuestro hogar, en sacar adelante nuestra relación y nuestra familia, es ahí en nuestro hogar donde demostraremos nuestra valentía.

Es necesario aclarar que la virtud y la valentía no surgen de un día para otro. Es necesario trabajar de manera muy concreta y todos los días para lograrlo, poco o mucho… pero todos los días. Tú que estás planeando casarte ¿qué estás haciendo el día de hoy para ser un hombre virtuoso?

LCF Francisco Peralta Dávalos
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08/07/15
Todos los padres son inolvidables

“Un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil, un padre es el que da el amor.” Denis Lord 

Todos los papás son inolvidables. Algunos serán inolvidables porque no tuvieron el valor de asumir su responsabilidad y no le dieron su apellido al hijo, es decir su presencia, responsabilidad, amor.
Otros padres son inolvidables porque estando presentes causaron un gran dolor en los hijos, dejando  heridas profundas que los hijos  logran superar con muchas dificultades, después de llevar un proceso largo y doloroso.
Otros más lo son porque dieron a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron, buscaron complacerlos en sus gustos y no les pusieron límites. Estos hijos al no tener límites no pudieron seguir un camino hacia la madurez, y se convirtieron en un problema para sus seres queridos y para la sociedad.
Algunos más (quizá pocos) son esos padres presentes y con el deseo de forjar a sus hijos en el amor a Dios, en el orden, el bien, la verdad. Estos a pesar de no tener siempre las herramientas de preparación académica lograron imprimir en sus hijos esa certeza de ser amados, aceptados, valorados, y desde esta certeza los hijos pueden amar, aceptar y valorar a las demás personas.
¿Este tipo de padres puede cometer errores? sí. Por ser personas perfectibles. Pero van por la vida procurando de forma consciente y con gran voluntad  ser cada día mejores.
El único Padre que es perfecto es Dios y  tal vez a pesar de ser perfecto y el mejor de los Padres es olvidado, para algunos entra en la categoría del más inolvidable y para otros  es el más olvidable. Y no es que los que olvidan a Dios duden de su existencia, sino que se olvidan de que Dios es Padre.
Aquellos padres  que ven a Dios como inolvidable, y escuchan su Palabra, buscan poner en práctica estas palabras, “Sed perfectos como mi padre celestial es perfecto”. Estos padres no sienten este mandato como carga sino como  una liberación que los llena de gozo, felicidad, paz constante a pesar de momentos de prueba y dificultad.
Jesús con su vida nos muestra el rostro del Padre. Ese Padre que es bondad, amor, misericordia, comprensión, ternura, sabiduría, justicia, perfección. Al Padre que es la Verdad misma, es decir no miente, es inmutable, no cambia su afecto a pesar del comportamiento del hijo, no se mueve por caprichos o estados de ánimo, es un Padre que exhorta a vivir los límites, dando una normas para regir nuestra vida en la felicidad y plenitud.
Algunos padres de familia tienen en mayor o en menor grado algunas pinceladas de las características de Dios Padre, y eso es lo que los hace ser realmente mejores.
Algunos puntos a considerar para ser un padre inolvidable:

Agradecer a Dios cuando nos regala un padre así. Y si no se tiene esa suerte buscar ser ese padre para nuestros hijos, a imitación de nuestro Padre del cielo.
Que maravilla cuando nuestro padre de la tierra, nos ayuda a amar profundamente al Padre del cielo. Cuando se puede decir: “Si amo entrañablemente a mi padre de la tierra y el del cielo es mucho mejor que este ¿cómo será ese amor de Dios Padre? “.

María Teresa González Maciel
Terapeuta de Familia Unida






25/05/15
¿Por qué mentimos?

Más vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar por la mentira”
Mahatma Ghandi

El hombre, en la figura de Adán y Eva, inicia el camino de la mentira  cuando desobedece la voz de Dios. En ese momento rompe su armonía, orden, equilibrio.

A partir de este hecho  la naturaleza humana queda herida, esto significa que aunque cada persona tiene una conciencia que le indica el bien y el mal, le resulta costoso y le requiere un esfuerzo mantenerse en el bien.
El problema estriba en que el hombre olvida y se resiste a tomar su lugar de creatura y a darle a Dios su lugar de Creador, obedeciendo sus leyes.
Algunas personas justifican decir algunas mentiras a las cuales llaman piadosas por comodidad o por hacer sentir bien a la otra persona, estas mentiras, aunque se llamen piadosas, no dejan de ser mentiras. Por ejemplo, se puede negar  que se esta en casa  para no contestar una llamada telefónica por comodidad o decirle a alguien que se ve bien, cuando no es así realmente.

Cuando hay mucha rigidez en la educación,los hijos pueden empezar a mentir por miedo. Lo ideal es ejercer una disciplina con amor, aceptación y valoración. Todo esto favorece la seguridad y autoestima de los hijos.

La persona que  miente tiene de base una baja autoestima, y una gran necesidad de ser aceptado, reconocido. Por lo que muchas veces al no aceptar su realidad histórica y actual busca modificarla con el fin de mostrar una mejor presentación de sí mismo,  por vanidad,  presenta una realidad socioeconómica, familiar o intelectual diferente, para conseguir sus objetivos, conquistas amorosas, beneficios laborales, etc. En el fondo busca llenar su vida de vacío, de carencias.

También hay personas que han hecho de la mentira un estilo de vida,  de forma compulsiva y muchas veces terminan inventando muchas más, para sustentar la primera.

La primera persona afectada es el mentiroso, tiene que hacer un esfuerzo muy grande para sostener sus mentiras. También está comprobado que hay una transformación  en el cerebro del mentiroso compulsivo, en la parte del lóbulo frontal hay más sustancia blanca que gris, en la parte gris es donde se da la toma de decisiones morales.

El mentiroso corre el riesgo de que sus hijos imiten su conducta, y tarde o temprano su mentira los afecte y destruya a ellos y a los que están a su lado. Por ejemplo, al engañar, traicionar o presentar un mundo ideal: inexistente.
Una de las reacciones del mitómano es  negar su mentira y molestarse cuando se la señalan. El mitómano puede empezar a tomar conciencia cuando  pierde a su esposo(a), a sus hijos o amigos.
Algunas recomendaciones:

Cuando el hombre rige su vida de acuerdo a un código moral y cuanto mejor a la ley divina, ya tiene un norte que le marque el rumbo hacia la auténtica libertad, que es elegir el mayor bien.
No se puede servir a dos amos no se puede ser fiel a un principio moral y enriquecerse de forma ilícita.
El recuerdo de la ley de Dios impresa en el corazón del hombre por convicción, ayuda a mejorar la conducta, es la mejor vacuna contra la mentira.

La persona que ama verdaderamente a Dios no trata de buscar adaptarse a las modas, a su tiempo, a las costumbres, sino a la voluntad de su Creador. A ejemplo de Jesús que viviendo y entendiendo la problemática de su tiempo tenía un solo alimento: hacer la voluntad del Padre.
Santo Tomás Moro canciller de Enrique VIII prefirió morir decapitado, que aprobar las acciones de su rey, acciones que iban contra su conciencia, respondió con su vida a la ley divina sin importarle el precio que debía pagar.
El hombre está llamado a responder a Dios, a sí mismo y a los demás viviendo en la verdad, es decir: en la auténtica libertad.

María Teresa González Maciel
Consultora Familia Unida
www.familiaunidagdl.org
formacion-gdl@familiaunida.org
Tel. 3642 9996
Aldous Huxley 5175, Jardines Universidad, Zapopan, Jalisco.










05/03/2015
La rutina asesina

Para muchos, las peores enfermedades son las asintomáticas, en las que no se presentan síntomas ni signos evidentes que demuestren enfermedad y van acabando con la vida de manera silenciosa, sigilosa, hasta que de repente en algún momento inesperado la persona fallece o se informa que se encuentra en una fase terminal y con poco tiempo de vida. Así es la rutina en las relaciones, silenciosa… asesina.

La rutina resulta tan perjudicial a la relación ya que pareciera ser una especie  de antítesis del enamoramiento y mucho más del amor. El enamoramiento es casi una montaña rusa de emociones donde predomina una sensación de felicidad y bienestar, la rutina es plana, gris, no suele llevar muchas emociones consigo. El amor es una decisión, que se toma de manera consiente por medio de la voluntad, de permanecer al lado de una persona porque quiero el bien para ella, la rutina se antoja más bien un “sigo a tu lado porque así me he acostumbrado”.

El mayor riesgo de la rutina no es que sea repetitiva, incluso hay cosas para las que se requiere cierta repetición y son positivas; en la disciplina y para desarrollar virtudes por ejemplo, pero en este caso se busca algo bueno de manera intencional. La rutina es peligrosa al haber monotonía, cuando solo se vuelve una repetición sistemática de tareas o actividades que parecieran no tener ningún sentido trascendental y que no nos llevarnos a ninguna parte en concreto. Pero el mayor de los riesgos de la rutina es no darnos cuenta que hemos caído en ella.
Será importante que la pareja tenga un nivel de autoconocimiento importante para saber identificar cuando están entrando en una dinámica rutinaria perjudicial. Siempre habrá actividades que tendremos que realizar cotidianamente, como el cumplir tareas o deberes laborales, personales, domésticos o familiares, pero ese es el reto, el no caer en la rutina en un mundo que tiende a lo rutinario.

El matrimonio, una vez que sea capaz de reconocer que se está enfrascando en la “logística” del día a día tendrá que poner los medios para renovarse y hacer cosas distintas, cosas novedosas que rompan la rutina y contribuyan a tener momentos de comunicación de mayor calidad, de compartir espacios y tiempo como pareja. Curiosamente, para la mayoría de las parejas este “romper” o “salir de la rutina” no requiere de cosas sorprendentes o extraordinarias, sino más ordinarias de lo que nos imaginamos. Por ejemplo, el ir al cine, tener una cena, una plática en algún lugar agradable o un pequeño viaje en la mayoría de las ocasiones es suficiente, esto dependerá de las características de cada pareja para que ésta se vea beneficiada.

Puede resultar complicado el imaginar cómo no caer en la rutina con una persona con la que vivimos y pasamos prácticamente los 365 días del año; esa es parte de la responsabilidad que tenemos al comprometernos con nuestra pareja. Al amor hay que trabajarlo.

LCF Francisco Peralta Dávalos
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09/02/2015
La vacuna para la ruptura

Pareciera que en la actualidad por la cantidad de rupturas y separaciones de pareja que se están percibiendo podríamos hablar de una epidemia. “Hay una cierta falta de creencia en el amor, existe hoy una epidemia de rupturas conyugales que vuelve a la gente incrédula en relación con este tema.” Es lo que dice Enrique Rojas, especialista en Psiquiatría y Psicología médica, director del Instituto Español de investigaciones psiquiátricas.
Sobre esto, encontramos que el número de divorcios en México se cuadruplicó en tres décadas, al pasar de 4 por cada 100 matrimonios en 1980, a 17 en el año 2012, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Cifra que año con año va en aumento. Otro dato a tomar en consideración es que las rupturas se van presentando cada vez a menores tiempos de la relación.
Este contexto es en el que vivimos y para el que debemos estar preparados, no es suficiente un “a mí no me va a pasar”, el vivir bajo la fantasía de esta premisa sería simplemente descuidarnos y bajar la guardia ingenuamente. ¿Qué hacer ante este panorama? La respuesta es clara: hacer una apuesta sincera y total por el amor.
Enrique Rojas aclara que “en la sociedad actual no existe una crisis del amor, sino de la persona, se han ido produciendo hombres cada vez más endebles, más frágiles” y al mismo tiempo, estamos inmersos en una cierta “ignorancia del amor”, “la gente desconoce que el amor es un trabajo, es una labor artesanal”.
¿Cómo pretendemos hacer funcionar algo de lo que no tenemos la menor idea de cómo funciona y no leemos el instructivo? O ¿Cómo queremos participar y salir victoriosos si desconocemos las reglas que rigen el “juego”?. La forma de irnos “vacunando” de una ruptura será, entonces, ir conociendo cada vez más lo que es el amor y sus implicaciones; darnos a la tarea de conocer cada vez más a nuestra pareja, pero no solo eso, sino ir conociendo y aprendiendo del amor humano, para que así podamos valorarlo y apreciarlo, amar el amor humano.  Mientras que al mismo tiempo es necesario ir desarrollando y formando nuestro carácter para tener el coraje y la valentía de asumir la tarea y el trabajo que requiere la relación de pareja.
Hay tres cosas muy concretas que podemos hacer y poner en práctica en nuestra relación para que ésta perdure y prospere:

  1. Dar y recibir: que exista reciprocidad y recordar que la relación es un trabajo que requiere de ambas partes.
  2. No reclamar cosas del pasado: evitar cobrar “facturas” que ya han sido cobradas o que forman parte del pasado.
  3. Volver a empezar: darse la oportunidad de renovarse e iniciar de nuevo las veces que sea necesario.

El amor verdadero impulsa a sacar y dar lo mejor de uno mismo. El hacer perdurar el amor es la mejor garantía para que nuestro matrimonio funcione, pareciera redundante, pero así es: el amor que mantendrá unida nuestra relación se mantiene vivo en la medida en que amamos a nuestra pareja.

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12/01/2015
El motor del amor

Existe una reflexión donde un viejo indio decía a su nieto: "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión." El nieto preguntó: "Abuelo, dime ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?" EL abuelo contestó: "Aquel que yo alimente".

Pareciera, de primera mano, que las parejas tienen dos posibles destinos: el que sean una pareja unida, feliz y exitosa, o bien, el que la pareja “fracase” y se separe, siendo esta segunda posibilidad la que parece ir ganando terreno poco a poco en la actualidad. Pero y… ¿de qué depende que nuestra pareja sea una pareja “exitosa” o una pareja que vaya rumbo al “fracaso”?: principalmente dependerá del proyecto de pareja que nosotros elijamos y “alimentemos”.

El que unas relaciones de pareja funcionen y otras se rompan no tiene mucho que ver con la “suerte” o con meras circunstancias, pero sí con cuestiones mucho más concretas de nuestro actuar en la vida de la pareja. Si llevamos nuestra relación de pareja al ritmo que nos maraca la mera improvisación y nos dejamos solo llevar por la marea, lo que podríamos esperar cosechar no sería mucho.

El motor del amor es fundamentalmente la decisión de amar, la elección y determinación de amar a esa persona por la que he optado como mi compañera de vida. Para amar hace falta determinación, “tomar al toro por los cuernos”, no podemos sentarnos y simplemente esperar que todo funcione de maravilla solo porque sí, nosotros tenemos que trabajar y hacer que la relación funcione.

Pero no todo se queda solo en la elección y decisión de amar, sino que esto se tiene que ver reflejado en la realidad de nuestra vida cotidiana, de lo contrario nos quedaremos en una fase “romántica” del amor, sería como tener el motor listo… pero no lo echamos a andar. El motor del amor se “echa a andar” con los detalles, con nuestro tiempo, dedicación y energías que destinamos a la relación; con el nivel de prioridad que le damos. Al amor hay que “alimentarlo” para que sobreviva y “gane la pelea”.

Por ahí se dice que “la pareja perfecta no existe”, y es así, no existe, pero nosotros podemos irla haciendo en la medida en que trabajemos y nos esforcemos por lograr tener nuestra propia “pareja perfecta”, eso… dependerá de nosotros.

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09/12/2014
Libertad para amar

Sin libertad no tendríamos la posibilidad de amar. El amar es un acto de libertad en sí mismo, es una elección, una decisión que se reafirma y consolida en el día a día. El amor es un camino en el que la libertad es indispensable para poder llegar a la meta.

Una de las facultades características del ser humano es la libertad de la que goza, el hombre por medio de su voluntad puede elegir entre una cosa u otra, tiene la posibilidad de realizar una acción o no ejecutarla, incluso podemos decidir el pensar de una u otra manera, el dar rienda suelta a una idea o detenerla. Esto es uno de los diferenciadores clave que tenemos con respecto al resto del reino animal; inclusive la voluntad es catalogada como una de las facultades superiores del ser humano.

¿Qué necesidad tenemos de pasar nuestra vida con otra persona?, necesidad como tal… ninguna. Es precisamente que haciendo uso de nuestra libertad tomamos la decisión de elegir a una persona con la cual compartir nuestra vida y emprender un proyecto en común. En la celebración del matrimonio es donde se ve reflejada esta voluntad de los novios por consolidar la decisión de unirse, convertirse en esposos, e incluso se hace pública su decisión de amarse por el resto de sus vidas.

No es coincidencia que tanto en los “ritos” o fórmulas que se dictan tanto en las celebraciones de carácter legal como de carácter religioso se mencione y se haga hincapié en que la pareja en cuestión se encuentra realizando este acto de manera completamente libre y sin presiones de cualquier índole. Esto que se implementa en el momento de la boda deja entrever uno de los requerimientos esenciales no solo del matrimonio, sino del amor: la libertad.

La libertad es uno de los cuatro elementos fundamentales del amor (libre, total, fiel y fecundo), de tal manera que en un escenario donde no se cuenta con libertad difícilmente podemos hablar de amor. Lamentablemente en muchas ocasiones nuestra libertad se ve dañada o viciada por diversos hechos o acontecimientos que pueden ir, por ejemplo, desde intereses económicos o sociales, hasta miedos personales (a la soledad por mencionar alguno) o amenazas expresas. Todo esto debe evitarse en la búsqueda de una relación de pareja sana y emocionalmente exitosa.

En la actualidad se ha ido tomando una percepción del matrimonio y de la vida de pareja como un entorno donde se limita nuestra libertad, como algo que hay que buscar evitar con la finalidad de poder desarrollarnos plenamente, pero nada más alejado de la realidad, ya que por el contrario, nuestra libertad se ve consumada y ejercida al continuamente sostener nuestra decisión y elección de amar a nuestro cónyuge, este es uno de los actos más valiosos dentro del matrimonio y que muchas veces no valoramos; elegir a lo largo de nuestra vida el estar donándonos al otro.

La libertad en el amor no es el vivir un libertinaje en la relación, donde cada uno de los esposos pareciera más bien llevar una vida de soltero y sin ningún compromiso. La auténtica libertad se ve reflejada en el respetar y vivir las promesas nupciales que pronunciamos el día que concluimos nuestro ciclo de noviazgo y comenzamos el reto y la aventura de conformar un nuevo hogar. Todo esto, porque así lo hemos querido.

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07/11/2014
El Perdón en el Amor

En el transcurso del tiempo, en la vida de pareja pueden ir surgiendo diversos acontecimientos y hechos que pueden ir dañando la relación, es aquí donde nos vamos encontrando con el tema del perdón, que muchas veces resulta ser todo un reto, pero como bien indica el refrán: “a mucho amor, mucho perdón”.

En el matrimonio se suele ser más exigente en el ámbito emocional con la pareja que con el resto de las personas y esto se debe sencillamente a que solemos tener expectativas altas de esa persona a la que amamos, a la que le entregamos nuestra confianza y nuestra vida. Pensemos en una persona que nos encontramos en el supermercado y se muestra intolerante e incluso un tanto agresiva, seguramente al salir del lugar y haber pasado unas horas no pasará de un momento incomodo; en cambio si esta misma actitud surge de nuestra pareja en alguna ocasión, no tiene los mismos efectos, nos vemos más “afectados” en cuanto a intensidad y tiempo. Como bien anotaba William Blake, “es más fácil perdonar a un enemigo que a un amigo” y yo añadiría que es más fácil perdonar a un amigo que a la pareja en muchas de las veces.

Ante el panorama de que se pueden ir generando heridas a lo largo de la relación, incluso muchas veces sin la intención directa de causar daño, vamos percibiendo que el perdón es un tema fundamental en el amor, tanto así que “el que es incapaz de perdonar es incapaz de amar” indicaría Martin Luther King. El perdón es una manifestación del amor, Reinhold Niebuhr mencionaría incluso que “el perdón es la forma definitiva del amor”.

No puede ignorarse y dejar de lado que el perdonar, pocas veces resulta ser algo fácil y sencillo, no podemos hacernos como niños de preescolar que simplemente nos damos la mano y el daño ha pasado, ya lo decía Gandhi: “perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar”. Cuando se ama es cuando más deberíamos perdonarnos y pareciera que es donde menos lo hacemos al ver a parejas que viven con rencor en lugar de reconciliación.

También suele dificultársenos perdonar porque no alcanzamos a comprender bien lo que es el perdón y lo que implica, dejándole al tiempo la esperanza de que cure los sinsabores de nuestra relación. Pero perdonar, aunque sí necesita de tiempo para muchas personas, requiere más que eso; “el perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor”. Para perdonar, principalmente tenemos que querer perdonar, se requiere de la voluntad y la iniciativa de nosotros, el perdonar a alguien, a nuestra pareja, depende de nosotros, no lo podemos delegar a nadie más.

Por otra parte, tiene que quedarnos claro que “perdonar no es olvidar, es recordar sin dolor, sin amargura, sin la herida abierta; perdonar es recordar sin andar cargando eso, sin respirar por la herida, entonces te darás cuenta que has perdonado”. Incluso el perdón en sí mismo no implica reconciliación, pero en la pareja, el llegar a la reconciliación será esencial.

Algo que nos ayudará en el proceso del perdón es el tomar conciencia de que nosotros mismos no somos perfectos, podemos cometer errores y estamos sujetos a encontrarnos en el escenario en el cual nosotros somos los que pedimos perdón. De igual manera el tratar de comprender y entender a la pareja nos facilitará tener el beneficio y la liberación del perdón.

Importantísimo el perdonar para tener una buena relación de pareja, pero más importante el no dañar y causar heridas a la persona que amamos, es por eso que tenemos que hacer todo lo posible para evitar el que lleguemos a la situación de tener que pedir perdón. En palabras de José Ingenieros: “Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente”.

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26/11/2014
El noviazgo no es para siempre, el resto de tu vida si. PARTE I

8 puntos clave para rompimientos menos dolorosos

Un paciente me explicaba, con lágrimas en los ojos, todas las razones por las cuales no se debió haber casado hacía tres años. Lo que no sabía explicarme era porque no había terminado su relación antes de casarse. No pudo, no supo, no quiso... 
Entendemos que terminar una relación es invariablemente difícil, implica el dar o recibir malas noticias que exponen nuestra vulnerabilidad más profunda -el temor a no encontrar a nadie mejor, a nunca superar el dolor que me causa la ruptura, el haber dejado escapar "mi última o mejor opción" o peor aún el temor a ya no merecer ser amado. Todo esto es casi inevitable, sea que yo haya tenido la iniciativa de terminar o no, cuesta trabajo no tener al menos alguno de estos pensamientos. Más aún, cuando la relación ha sido duradera, todo mundo nos considera inseparables, ya todos "nos ven casados" o quizá incluso ya estamos comprometidos, entonces se vuelve mucho más difícil tomar la decisión. Posiblemente tenemos fecha para la boda, todos nuestros amigos y familiares están esperando "el gran día", ya abrimos nuestra mesa de regalos y hasta tenemos todo listo donde vamos a vivir. No es fácil terminar una relación, sobre todo cuando se ha llegado tan lejos, pero no podemos avanzar hacia una decisión de vida así de grande sólo por no saber o no animarnos a decir las cosas. Hay demasiado en juego.

Estando de acuerdo con que el dolor y la tristeza son ineludibles, aún para quién goza de una autoestima sana, podemos buscar la forma de evitar daños innecesarios o excesivos. Me gustaría ofrecerles algunos puntos para llevar de mejor manera los rompimientos. 

1. Si tú quieres terminar la relación, termina tú con la relación
Si lo que sientes por tu pareja ya no es lo mismo, si te has dado cuenta de querer cosas opuestas o si tu insatisfacción dentro de la pareja continúa creciendo, no provoques a tu pareja a terminar la relación. El sabotear la relación con conductas agresivas o simplemente portándome distante y cortante es una forma cobarde de transferir la responsabilidad a mi pareja además de generar un clima de gran confusión, desconfianza y de inseguridad para ambos. 
El tomar la responsabilidad de terminar la relación implica también el hacerlo cara a cara. Hay quién cree que el hacerlo vía remota (SMS, e-mail, etc.) lo hace menos doloroso, pero al final, cuando no damos un mensaje de esta importancia cara a cara, lo único que estamos diciendo es "no eres lo suficientemente importante".

2. Respetar es cuidar mi dignidad
Los rompimientos suelen ser un escenario propicio para explosivas confrontaciones. Es importante saber anticipar posibles reacciones agresivas y dominarme evitando a toda costa el levantar la voz, los insultos, las burlas o cualquier falta de respeto. Recordemos que tu dignidad en buena parte depende de tu capacidad de respetar a las demás personas. El hacer del rompimiento un acontecimiento violento o agresivo sólo contribuye a una experiencia más traumática y por lo tanto más difícil de superar.
El respetar a la persona incluye el encontrar el momento y lugar adecuado para hacerlo. Es importante buscar generar el momento -no esperar a que se de solo- en el que tengas tiempo y espacio suficiente para dar una noticia tan relevante. Hay que poner los medios para no hacer esto más doloroso e incómodo de lo que ya por naturaleza será. 

3. Se honesto
Al decir "esto no es lo que estoy buscando" no implica necesariamente nada negativo sobre tu pareja, es simplemente honesto. Ahora bien, es importante el saber distinguir la franqueza de lo hiriente, en otras palabras, no es igual "ya no siento lo mismo por ti" a decir "eres aburrido(a) y me das flojera". No dejamos de ser honestos cuando decimos la verdad buscando cuidar la integridad del otro.
El ser honestos también nos impide usar pretextos prefabricados como el "no eres tú, soy yo", "creo que mereces alguien mejor" o "eres demasiado bueno(a) para mí". Podemos creer que es una forma más benévola de terminar y evitar lastimar al otro, pero al final es sólo una necesidad egoísta de quedar bien y el temor a responsabilizarme por la ruptura. Estos clichés baratos sólo confunden a la persona y representan una falta de respeto.

4. Evita recurrir a historias de culpas
Cuando hacemos esto, normalmente hacemos un recuento paso a paso de lo sucedido y entramos en un laberinto sin salida de frases como "no sucedieron así las cosas", "no es cierto, esa vez tú empezaste..." de forma que nunca habrá un acuerdo. Encima de todo esto, te expones a que tu pareja te "convenza" de no terminar y acabar de vuelta en una relación disfuncional que ya habías decidido terminar. 

5. Si quieres terminar la relación, termínala
Es contraproducente cuando tratamos de suavizar las cosas con la posibilidad de seguir siendo amigos o de seguir viéndonos de forma amistosa. Quizás nos hace sentir maduros o muy modernos, pero normalmente implica una forma inadecuada de manejar la culpa para quien terminó la relación. Por otra parte, podemos estar generando expectativas de reconciliación en la otra persona -o en nosotros mismos- y aunque no fuera así, podríamos estar generando un obstáculo a la posibilidad, para ambos, de seguir adelante y por supuesto de tener una nueva relación.
Por otra parte, para quien es rechazado, lo más sano es aceptar cuanto antes que la relación ha llegado a un fin. El pedir que reconsidere en el futuro su decisión o el pedirle seguir siendo amigos puede alejarnos de esta aceptación de la realidad. Si lo que quiero es superar la ruptura, lo más recomendable es evitar el contacto con la persona, no llamarla o enviarle mensajes, deshacerme de sus cartas y por supuesto no tratar de seguir como amigos. 

6. Reconoce y agradece los buenos momentos que tuvieron
Esto nos aleja de los absolutos y las generalizaciones que nos pueden llevar a un debate que nos traiga de vuelta a aquella relación disfuncional la cual ya habíamos decidido terminar. Por ejemplo, si decimos "todo ha sido una pesadilla", fácilmente podemos recibir una respuesta en la que nos expliquen por qué todo no ha sido tan malo -lo cual invariablemente será verdad- y podemos llegar a dudar de nuestra decisión. 
Una vez que hayamos expresado con claridad y firmeza nuestro deseo de terminar con la relación, es sano manifestar pesar por no haber llevado a cabo aquellos planes juntos, esto implica el reconocer el valor inherente de cada uno como personas sin lastimar ni etiquetar a nadie.

7. Tu ex no es lo mejor ni lo peor que te ha pasado
Ciertamente los argumentos que te llevan a tomar la decisión de terminar con tu noviazgo, tienen connotaciones negativas sobre la relación que acaba de terminar. Es posible que para convencerte y tomar la decisión, tuviste que elaborar una lista más o menos importante de elementos desagradables o inaceptables sobre la relación. Aún así, es importante no crear una imagen de villano sobre tu ex, hay que recordar que no nos corresponde juzgar a la persona -aún y cuando parece darnos motivos para pensar que es alguien "malo(a)"- ya que es una forma de ponernos sobre los demás y es ese el tipo de soberbia que puede dificultar mucho el camino para futuras relaciones. No sólo eso, sino que el guardar resentimiento, deseos o planes de venganza lejos de ayudarnos a superar la separación, me estancan y posponen una sana recuperación. La decisión de terminar la tomamos tras juzgar la relación, no a la persona.
Por otra parte, es frecuente que después de una relación importante, aún y cuando haya sido yo quien tomó la decisión de terminar, cabe la posibilidad de que haya idealizado a la persona y me quede pensando que dejé ir a mi "alma gemela". Esto nos pone en riesgo de regresar a una relación de la cual ya había decidido salir además de complicar la posibilidad de futuras relaciones sanas ya que será muy probable que permanentemente compare la idealización de mi ex -no su imagen real- con el resto de mis parejas. 

8. Afronta tu dolor
Después del fallecimiento de un ser querido, una de las experiencias emocionalmente más dolorosas es el terminar con una relación duradera. Es sano e incluso necesario vivir el duelo por la pérdida. Al enamorarnos nos hacemos vulnerables, por lo tanto el rompimiento de un noviazgo duradero es invariablemente doloroso. Entre más pronto aceptes y afrontes tu dolor, más pronto saldrás adelante.


Alejandro Gutiérrez Rojas
Consultor de Familia Unida






09/10/2014
Crecer en crisis

“Nunca dejes a tu pareja… especialmente en un incendio”, se menciona en la película “A prueba de fuego” (Fireproof). En efecto, a lo largo de la relación de pareja se pueden ir presentando “incendios” los cuales, si se trabaja en conjunto y de manera adecuada, además de resistirlos y superarlos, nos pueden dejar una gran lección y enseñanza.

Pretender que nuestra vida de pareja será siempre pura felicidad y alegría, que nunca habrá problemas, dificultades e incluso en algunos casos fuertes crisis, resulta un pensamiento ingenuo, más bien tenemos que tener presente que los cambios, dificultades y crisis son parte de la vida y en ocasiones se presentan con más frecuencia de la que nos gustaría.

Las relaciones personales están sujetas a que existan problemas en ellas y en la relación de pareja mucho más al tratarse de una relación tan íntima y donde debería existir una alta y sana convivencia, pero si esta convivencia se torna deficiente, indiferente o incluso hostil, se deteriora y es aquí donde surge la crisis; resulta comprensible al ser dos personas distintas, “tal cual sal y pimienta, la pareja está compuesta por dos personas diferentes que hacen su vida juntas” se dice en otro momento de la película “A prueba de fuego”. Los problemas pueden darse de manera tan variada como las parejas mismas, desde los planes para el fin de semana, las visitas a familiares, hasta cuestiones como la infertilidad o la infidelidad.

Además de las crisis que pueden ser resultado de nuestras acciones, también hay algunas en las que no depende directamente de nosotros su surgimiento. Independientemente de esto, lo que sí está a nuestro alcance y en nuestra “jurisdicción” es la actitud con la que tomamos y afrontamos las crisis, se dice que un problema no lo es en sí mismo, sino en la medida en la que la persona lo percibe de esa manera. En nosotros estará el quedarnos lamentándonos de la situación e incluso complicando las cosas al punto de llegar a fracturar por completo la relación o el echar manos a la obra y trabajar directamente en la reparación de la misma. Comprendamos que las crisis son para crecer, no para romper.

Hay (entre otros) dos factores muy poderosos para tomar en cuenta para superar las crisis:

* No se está solo. A menudo se suele querer salir de la crisis con el esfuerzo particular; la pareja no es de uno, es de dos y con el otro es con el que tenemos que realizar el esfuerzo y las acciones para superar las adversidades.

* Apoyo de un profesional. Hay especialistas en tema de pareja y matrimonio que pueden ayudar bastante a la hora que se presenta un conflicto o crisis en la relación.

Existen testimonios impresionantes de parejas donde parecía que el amor había más que muerto y la reconciliación era impensable y a pesar de todo esto, después de lo más profundo de la crisis, la relación resurge y más allá de eso, pareciera haber desarrollado más fortaleza, como un árbol que crece y se robustece, que sus raíces se cimientan mejor dando más soporte, de tal manera que ya no cualquier viento lo derriba. “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol” decía Martin Luther King, nosotros no perdamos la esperanza y a la vez trabajemos plantando un árbol todos los días en el bosque de nuestra relación.

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08/09/2014
Para toda la vida

Los novios se casan para estar unidos y compartir el camino de la vida, no para separarse. Es por eso que cuando se llega a tener una ruptura de la relación resulta tan doloroso. La vocación al matrimonio no es algo “de un rato” o temporal, sino algo trascendental. El amor exige eternidad.

Una de las muchas características que tiene el matrimonio es que de manera completamente libre decidimos compartir nuestra vida con el otro, esto es parte de la donación de nosotros mismos, y el amor nos invita a que esta donación, a que esta “entrega” al otro, la realicemos no a medias, por el contrario, sin reservas y durante toda la vida. Este es uno de los grandes retos a los que nos encontramos en la actualidad.

"Quien no es capaz de amar para siempre, no será capaz de amar ni un solo día" decía un gran filósofo de nuestros tiempos, lo cual es una realidad, el amor no es para finalizar, no es para terminar o como algunos canciones lo mencionan, para “morir”. Pero pareciera que en la actualidad se nos dificulta comprender esto y más bien apostamos y optamos por una versión mutilada del amor, donde se sufre una especie de inhabilidad para asumir el compromiso y en lugar de compartir el libro entero de nuestra vida con el otro más bien sólo queremos compartir algunos capítulos… los más llevaderos y que no requieran de mucho esfuerzo por supuesto. En donde lo superficial domina sobre lo profundo y la sensación se sobrepone a la decisión, convirtiéndonos en unos incapaces para el auténtico amor.

Cuatro son las características del amor conyugal: libre, total, fiel y fecundo. De alguna manera cada una de estas características nos habla de la temporalidad del amor, el amor es para siempre, y esto se debe a que cuando elegimos a nuestro esposo o esposa no estamos eligiendo a una cosa, sino a una persona. Al encontrarnos a la luz de estas características, nos damos cuenta que el amor se encuentra más allá, supera y sobrepasa los malos momentos, los contratiempos y las tempestades por llamarles de alguna manera. El amor, en sí mismo, habla de esperanza y confianza. El amor no cuenta con fecha vencimiento o de caducidad.

La realidad es clara, el número de separaciones y divorcios se encuentra en aumento, de nosotros dependerá el asumir el reto del amor y abrazar el compromiso que este conlleva y no entrar como parte de la estadística. En la medida en la que vayamos descubriendo la grandeza (y belleza) del don del amor y tomemos la decisión de asumirlo con seriedad, es como iremos desarrollando la capacidad de perdurar en el amor no solo en los buenos momentos, sino para toda la vida.

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11/08/2014
Amor es Donación

“Lo contrario a amar no es odiar, es usar, es utilizar a la persona”. La mejor manera de definir al amor es: donación, donación y entrega. Buscar solo el bien de sí mismo en la relación de pareja es un error, eso es egoísmo, mientras que desear, buscar y trabajar por el bien del otro, eso es amor.

Generalmente se dice que hay que buscar a una persona que te haga bien en tu vida, una pareja que te ayude a ser una mejor persona, lo cual es muy bueno, pero para nada suficiente. Es necesario reflexionar y pensar en la contraparte, el bien que nosotros podemos hacer a nuestra pareja y lo que estamos dispuestos a hacer (o dejar de hacer) para lograrlo, incluso sin esperar nada a cambio.

El desear el bien del otro es algo bueno, podríamos decir que es el primer paso o el primer escalón de la escalera; hay que ir más allá. En el amor no solo se desea el bien, sino que se busca hacer el bien a la persona amada, es decir; no bastan buenas intenciones sino que implica un acto de la voluntad, acciones concretas, constantes y sonantes, como diría el poeta Pablo Neruda “El amor no se mira, se siente”.

Se ama con obras, no solo con palabras. Dicta el dicho popular que “del dicho al hecho hay mucho trecho”, es una realidad, hablar cuesta menos trabajo que actuar, ahí es donde radica lo loable de la persona que ama, en los actos de donación que concretiza, pasando del mundo de las ideas al mundo de las acciones.

Además de hacer, también hay que dejar de hacer. La donación implica en sí misma una renuncia, pero en este caso no es una renuncia que limite o lastime a la persona, por el contrario, resulta positiva y enriquecedora. En el amor autentico se renuncia a lo que puede resultar un obstáculo para donarse y entregarse al ser amado en búsqueda de su bien, de su felicidad, lo cual resulta paradójico porque, en el amor, buscando la felicidad del otro se obtiene la propia plenitud y felicidad. De tal manera que la lógica del amor parece diferir a lo que estamos acostumbrados, ya que aquí no obtenemos más si buscamos acaparar más, obtenemos más en la medida en que nos entregamos, así es el amor, el amor es donación.

En el amor es más importante el dar que el recibir. Una de las frases más representativas dentro de la película mexicana “El estudiante” (2009) dice que “pensamos que amar es tener derechos, pero la ironía del amor es que se funda en renuncias. Pensamos que amar nos legitima a tener, nos olvidamos que amor es ceder, darse”. ¿Y tú qué tanto te donas en tu relación? o podría reformularse la pregunta, ¿y tú estás amando realmente a tu pareja?

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28/07/14
¿Quién es la persona triunfadora?

Muchas veces creemos que el único triunfador en la vida es la persona que tiene éxito, fama, dinero, posesiones, estudios, un puesto importante en la empresa, familia, etc.…el que ha logrado un status alto en la sociedad, que se le reconoce en los medios de comunicación, y no cabe duda de que estas personas han conseguido triunfar con disciplina, esfuerzo, trabajo. Cabe hacer una pregunta ¿estos triunfadores a los ojos del mundo, logran también ser auténticos triunfadores?

Hay millones de triunfadores que no tienen dinero, que no tienen fama, posesiones, un puesto importante ni mayores estudios y que a los ojos del mundo aparecen como perdedores, son así calificados por no dar resultados visibles en las áreas que el hombre considera como valiosas. Es interesante y vale la pena ahondar un poco en la vida de éstas personas anónimas que viven como auténticos triunfadores a los ojos de Dios.

Estas personas que recibieron la herencia de sus abuelos, de sus padres, ese tesoro, ese legado, esa estafeta de vivir y transmitir lo que a los ojos de Cristo es un triunfador. Estos hombres que viven los valores, y al vivirlos los han convertido en virtudes. Al practicar por ejemplo la honestidad, la justicia, la prudencia, la fortaleza, lealtad, paciencia, comprensión, solidaridad, responsabilidad, perseverancia.

El auténtico triunfador no tiene que ver con los triunfos humanos. De ser así diríamos que Jesús fue un perdedor para los de su época, incluso mucha gente no acaba de entender la vida de Jesús. Del Hijo de Dios, del Creador del universo, en quien están sustentadas todas las cosas y que no tiene dónde reclinar su cabeza. De Dios que es camino verdad, vida libertad, y se le considera que ha perdido la razón, del Dios que todo lo puede y se entrega libremente a la muerte por amor. Del Dios que se queda como alimento para todos los que tengan hambre en la fragilidad de un pan.

No es fácil entender que hay que morir para vivir, que al morir al egoísmo se vive la generosidad, que al morir al individualismo, se vive la solidaridad, que al morir a la ambición por acumular más, se vive la justicia, que al morir al deseo de hacer lo que te venga en gana, se vive el respeto, que al morir al orgullo se vive la humildad.

La persona triunfadora es una persona madura, es el líder auténtico por excelencia aquel que con su conducta, más que con su discurso, invita a otros a seguir sus huellas, aquel que es capaz de transformar su entorno, familia, trabajo, sociedad.

Cuando este triunfador pasa a nuestro lado va dejando un aroma, un perfume, un sabor de gratitud en los corazones que son comprendidos, consolados, perdonados, ayudados en sus necesidades, confortados en sus penas, incluidos a pesar de su condiciones adversas.

Estos triunfadores van mostrando un poco el rostro de Cristo, porque han conseguido venerar al Cristo oculto en cada hermano.

María Teresa González Maciel
Consultora de Familia Unida






07/07/2014
EL CAMINO COMPARTIDO

El viaje es donde se encuentra la felicidad, no en el destino. Ésta es una de las principales reflexiones que nos presenta la película “El camino del guerrero” (Peaceful Warrior). El camino es donde podemos encontrar el mayor de los deleites y es precisamente ahí mismo donde llegamos a la plenitud; caminando, andando, y más aún cuando tenemos la dicha de contar con un compañero de viaje.

Al establecer una relación tenemos el deseo de hacer partícipe de nuestra vida al otro, y cuando tomamos la decisión de formalizar la relación con el compromiso del matrimonio, con el “sí, acepto”, no solo hacemos partícipe al otro de nuestra historia sino que escribimos una nueva entre los dos, donde el “tú” y el “yo” quedan superados por un “nosotros”. Ese “nosotros” es el que deberá ir orientando y gobernando las decisiones que vayamos tomando de ahora en adelante.

Mucho se suele hablar del proyecto de vida, de que tenemos que decidir los estudios que deseamos realizar, a qué nos queremos dedicar, qué es lo que queremos hacer de nuestra vida: qué camino es el que queremos recorrer. De lo que casi no se habla es del proyecto de vida matrimonial, de ese en el que los proyectos de vida individuales se reajustan y reconfiguran para ser un solo proyecto en el que ya no son “mis metas” o “tus metas”, sino “nuestras metas” y ya no son dos vías o caminos distintos, sino uno mismo transitado por los dos.

Suele tenerse la tentación de pensar que en el momento en el que los novios contraen matrimonio, por default y de manera automática, ya es un solo camino el que se recorre y los dos se dirigen hacia el mismo destino, pero lamentablemente no es así. Paradójicamente, suele suceder continuamente que los novios se casan teniendo en su mente caminos diferentes, metas distintas e ideas que no coinciden con las del otro, precisamente por dar por hecho o suponer que el matrimonio en sí mismo los hará caminar hacia la misma dirección. Es esta una de las fuentes principales de problemas matrimoniales.

El proyecto de vida matrimonial es una herramienta fundamental, que al realizarlo nos permitirá disfrutar y vivir de manera más plena el viaje del matrimonio con esa persona que hemos elegido como compañera. El proyecto de vida matrimonial nos previene de ir viviendo de acuerdo a las circunstancias, de manera improvisada y nos permite tomar el timón de nuestro matrimonio para irlo guiando al puerto que hemos elegido.

Sustituyamos el mal de la improvisación por el bien del conocimiento, realicemos y revisemos nuestro proyecto de vida matrimonial tratando de visualizar diversas circunstancias y perspectivas, este ejercicio también nos ayudará a mejorar el conocimiento mutuo, el dialogo y la negociación en la pareja. A final de cuentas el matrimonio es algo que se tiene que disfrutar, no padecer. El matrimonio es ese viaje que nos da la felicidad cuando lo recorremos aprovechando los momentos adecuados, como lo dice Arthur Schnitzler, “estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”.

LCF Francisco Peralta Dávalos
Familia Unida Guadalajara
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09/06/2014
EL ARTE DE RENOVARSE

Miguel de Unamuno, filósofo y escritor español, afirmó que “el progreso consiste en renovarse”, nada más cierto para las relaciones de pareja, una pareja que quiere funcionar, progresar y perdurar necesita renovarse, reinventarse continuamente.

Se dice que de lo dicho por Unamuno surge la frase “renovarse o morir”, ésta pareciera muy fatalista o catastrófica, pero es una realidad, más que una frase simple y llana, es una necesidad para la pareja. La renovación en las relaciones sentimentales es como el mantenimiento necesario para que un complejo sistema o mecanismo siga operando y trabajando de manera armoniosa: se tiene que dar cada determinado tiempo y cuando se tienen problemas, se tiene que proporcionar de manera especial y con cierta premura.

Una idea constante y común es que el renovar es propio para las personas que tienen mucho tiempo de matrimonio o que tienen problemas evidentes y no para relaciones jóvenes o que pareciera que no tienen conflictos graves, nada más alejado de la verdad. El reinventarse y renovarse es para todos las etapas, no hay una edad o momento demasiado temprano o tarde para darse esta oportunidad de crecimiento. El optar por refrescar la relación tiene dos beneficios directos, el primero es que contribuye fuertemente al tener una relación plena y feliz ya que nos ayuda a madurar en el amor. El segundo, que nos ayuda a la solución de problemas y a prevenir situaciones complejas que puedan presentarse en el futuro y así evitar que en algún momento digamos como la canción del compositor y cantante chiapaneco Reily Barba, “qué nos pasó, por qué nos perdimos, dónde quedó aquello que nos prometimos”.

Ya que hemos identificado por qué es que nos conviene renovarnos, ahora entra la duda sobre cómo podemos realizar dicha reinvención. Tres puntos son los principales a tomar en cuenta:

Quien se renueva está siendo inteligente en la gestión de su relación. Al final del proceso de renovación identificaremos que nos encontramos con una “nueva” pareja, transformada, fortalecida… renovada. Nos daremos cuenta de que el alto de nuestra vida cotidiana que hemos hecho para reflexionar, pensar y actuar ha valido la pena y lo valdrá cuantas veces lo hagamos, a pesar de en ocasiones ser complicado, ya que el renovarse es todo un arte.

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1/06/2014
¿ADICTO YO?

“Algún día en cualquier parte en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo,
y solo ésa puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”

Pablo Neruda

El adicto cree que él puede dejar su adicción cuando quiera, pero la realidad es muy distinta.

El adicto busca llenar su vacio existencial con objetos, sustancias o personas y pierde el control de su vida, como de su fuerza de voluntad. Como bola de nieve que se incrementa, el adicto se mantiene esclavizado, encadenado, encarcelado de tal manera que no puede controlar su vida.

El adicto sufre y afecta y hace sufrir a los que están a su lado. Los que gustan de las apuestas llevan a la ruina a su familia, el fumador causa daños a la salud de los que están a su lado, los que están centrados y conectados en sus juegos, internet, T.V, videojuegos etc., se mantienen aislados de sus seres queridos, y los que destruyen su cerebro y su salud física con el alcohol y las drogas, afectan a los que viven alrededor, manteniéndolos en constante zozobra y en ocasiones atemorizados por las reacciones violentas del adicto.

El hombre moderno busca de manera incesante la libertad, y contrario a lo que es la libertad, que es la elección del mayor bien, opta por el libertinaje, que es hacer lo que se quiere. Actuando así, en su andar por la vida, algunos quedan atrapados, encadenados en múltiples adicciones.

La palabra adicto viene del latín addictus que significa adjudicado, heredado. Los romanos después de una guerra hacían una subasta donde regalaban esclavos a los soldados, que peleaban bien, a esos esclavos se les conocían con el nombre de adictos.

La persona adicta cuando se ata a la adicción, no vive la realidad, ya que pierde el control sobre sí misma, para vivir una especie de irrealidad, para ser esclavo o víctima de sus vicios o pasiones. Sin embargo, esta persona cree tener el control de sí misma y la realidad muestra que está encadenado a un vicio que no lo deja vivir la vida en plenitud porque se encuentra enferma y enferma a los demás.

Otra de las razones que subyacen en la adicción son las carencias, heridas, historia de vida que han causado un vacío existencial, la persona muchas veces no es consciente de esa situación, pero hay una búsqueda inconsciente que intenta encontrar alivio a ese dolor no procesado.

El psicoanálisis da un enfoque interesante sobre el significado de adicto. Para esta corriente de la psicología el adicto es la persona que no ha podido expresar su angustia vital y por ello recurre al efecto alienante de las adicciones para escapar y no enfrentar su vacío existencial.

¿Cómo soltar esas ataduras?

Primero: Tomar conciencia de que se es esclavo y que su voluntad está mermada. Sin embargo siempre hay un espacio en donde se puede decidir salir de esa atadura.

Segundo: Trabajar en el amor a sí mismo; buscar la ayuda profesional y a través de la oración pedirle ayuda a Dios, en búsqueda de la liberación.

Tercero: Reconocer que se ha perdido control de la propia vida y decidirse a recuperarlo eligiendo el bien, pase lo que pase.

Puesta en marcha la voluntad ir conquistando batallas en el autodominio; batallas que lo llevarán a ganar la guerra para lograr tener el autocontrol de la propia vida y caminar libre de ataduras y cadenas.

MPP María Teresa González Maciel






09/05/2014
LA CONQUISTA CONTINUA

Enamorar y conquistar a una mujer no es algo que se tenga que hacer una sola vez en la vida. A la mujer se le conquista todos los días, pero de maneras distintas como escribió Mario Benedetti, “el amor no es repetición. Cada acto de amor es un ciclo en sí mismo, una órbita cerrada en su propio ritual. Es, cómo podría explicarte, un puño de vida”.

Es un hecho que generalmente el hombre, cuando una mujer le ha atraído, se da a la tarea de enamorarla, de insistir y persistir hasta que al fin logra conquistarla. El hombre acomete para buscar la relación, la mujer cautiva.

De manera muy común y lamentable podemos observar cómo cuando la relación se ha concretado y el tiempo va pasando y avanzando, pareciera que la conquista se va esfumando, que los detalles, las atenciones y el romanticismo se van marchado poco a poco para ser sustituidos por la monotonía y la rutina, los cuales son agentes nocivos e incluso, muchas veces, mortales para las relaciones.

Una situación donde suele darse un intento de re-conquista, es cuando el vínculo se encuentra en riesgo o prácticamente ha muerto y no queda nada por hacer, cuando es demasiado tarde y se realizan actos desesperados por querer reanimar y revivir algo que ya no existe; pero las cosas no funcionan así. A la mujer se le conquista siempre, no solo cuando se le va a perder.

La tarea del hombre no termina cuando ha logrado enamorar a la mujer con la que desea compartir su vida, es apenas ahí donde comienza la travesía de la conquista continua. Lo realmente complicado de las relaciones de pareja no es iniciarlas, sino mantenerlas. En principio pudiera parecer un tema superficial, superfluo, pero al revisarlo detalladamente, en el fondo, descubrimos que de lo que se trata es de mantener viva la relación, de mantener vivo el amor que la sostiene.

La mujer suele identificarse rápidamente como el pilar más fuerte tanto de la pareja como de la familia, pero no mucho se reflexiona sobre la responsabilidad que tiene el hombre también y la importancia de que él aporte y participe activamente. Es una lógica muy simple y concreta, cuando el varón se involucra la relación progresa y prospera; cuando no lo hace, ésta se estanca, el vínculo se debilita y agoniza. La relación de pareja es diádica, no sólo de uno.

Pero… ¿cómo enamorar y conquistar continuamente a la mujer que se converte en tu compañera de vida?, pareciera una cuestión complicada y lo es debido a que cada caso en particular es único y tiene sus características específicas, pero de manera general se pueden aplicar dos principios básicos:

1. Hay que lograr que la mujer se sienta amada, esto sólo lo lograremos con tiempo de convivencia de calidad. Pasar tiempo dedicado única y exclusivamente a ustedes. Esto es una inversión que rinde grandes frutos.

2. Buscar el no dejar de ser detallistas y espontáneos; no siempre es necesario que exista un motivo o una razón para dar algo. Los pequeños detalles son los que alimentan a las grandes relaciones.

Como antes hemos mencionado, al hombre le corresponde acometer, conquistar, enamorar “y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor” acierta de nueva cuenta el poeta uruguayo Mario Benedetti.

LCF Francisco Peralta Dávalos

Familia Unida Guadalajara
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07/04/14
PERDONAR O NO PERDONAR

Perdonar viene del latín del prefijo per, que intensifica el verbo que lo acompaña; donare es dar, por lo tanto perdonar significa: dar con abundancia.

Cuando una persona se siente ofendida, lastimada por una ofensa de injusticia, ingratitud, maltrato emocional o físico, traición, etc. sufre un impacto que lo lleva a reaccionar contra su agresor; en ese instante surgen sentimientos de coraje, odio, venganza, ira, resentimientos. Por lo general el ofendido reflexiona sobre el por qué tener que perdonar y al no hacerlo se queda encarcelado en sus sentimientos negativos que lo dañan física, mental y emocionalmente.

¿Qué hacer cuando la otra persona no sólo no pide perdón sino parece gozar la situación de dolor del otro?, ¿perdonar?, ¿por qué? La primera reacción del ofendido es alejarse del ofensor y aplicarle la ley del hielo, esto es, no hablarle. En segundo lugar es no olvidar y sí traer a la memoria, con insistencia, la ofensa acompañada de sentimientos negativos.

¿Qué más sucede? Sin querer, el agredido se construye su propia prisión y va poniendo y agregando a su persona grilletes de sentimientos negativos que le impiden elevarse y vivir su vida en libertad. Estos sentimientos le hacen vivir con una carga pesada que le impide o le entorpece realizar sus actividades, le roban energía para cumplir sus sueños.

Por otra parte está comprobado científicamente que los pensamientos y emociones impactan la salud total de la persona positiva o negativamente. ¿Perdono? Es decir, decido liberarme de la carga para realizar con plenitud mi proyecto de vida.

Si mi respuesta es negativa, no perdonar, tengo el resultado de beber el veneno del resentimiento, de llenar de toxinas el corazón, esas toxinas afectan al resentido y a las personas que lo rodean, que deben soportar muchas veces la amargura y quejas del herido. Mientras que el agresor duerme tranquilo y sin problemas.

El resentido, centrado en el resentimiento, se olvida de ver y valorar las cosas que tiene, los regalos diarios de la vida, debido a que permanece encerrado en su propia cárcel y por lo tanto no puede disfrutar y agradecer los dones que le presenta la vida.

La persona que perdona puede aprovechar las enseñanzas de vida del dolor vivido; por ejemplo si se recibió incomprensión de un hermano, aprende a ser comprensivo con el otro

para no causar el mismo dolor, si un amigo lo traiciona, o comete una injusticia, puede aprender la lección de la lealtad y la justicia con los demás.

Agradecer es la mejor medicina para superar los sentimientos del resentido. Esto sólo se logra cuando se ha resignificado el dolor y se ha valorado el impacto que tuvo en el crecimiento y madurez de la persona.

También permite que salga del interior la grandeza del alma al responder con bondad, comprensión, da la posibilidad de dar lo mejor que se tiene.

Entonces qué camino tomar: ¿Perdonar o no perdonar?

MPP María Teresa González Maciel
Terapeuta de Familia Unida





01/04/2014
De Enamorados a Amados

“Casi todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar”, así comienza la canción “Amar y querer” compuesta por Manuel Alejandro y famosa en su interpretación por José José. Las siguiente línea de la canción dice “Y es que amar y querer no es igual”, de las líneas mencionadas podemos hacernos dos preguntas bastante interesantes: si amar y querer no es igual, ¿cuáles son las diferencias entre uno y otro? y ¿por qué pareciera que, efectivamente, muchos saben querer y pocos amar?

Tal vez la respuesta se encuentre en que cuando nos enamoramos, nuestro cerebro se encarga de la producción de algunas sustancias las cuales son responsables de la característica sensación de bienestar, de una aparente “felicidad” que pareciera emanar del simple hecho de escuchar o de ver a la pareja, incluso, en muchas ocasiones, del  simple hecho de pensarla.

Los dos principales neurotransmisores involucrados en el proceso y la etapa del enamoramiento son la Feniletilamina (FEA) y la Noradrenalina, de tal manera que podemos afirmar que cuando estamos enamorados, nos encontramos bajo el influjo (de manera natural) de algunas sustancias que nos hacen percibir la realidad de una manera un tanto distinta y nos hacen pensar y actuar de cierta manera que normalmente no haríamos.

El enamoramiento es finito en cuanto a que esta etapa, en promedio, no suele pasar de los dos años, es decir, la sensación de bienestar y “felicidad” producida por los procesos neuro-químicos de nuestro cerebro se termina, el enamoramiento acaba y nos enfrentamos a la “realidad”. Es en esta etapa crítica en la que muchas parejas terminan la relación, principalmente las que basaban su relación al nivel de las sensaciones simplemente.

El Amor, a diferencia del enamoramiento, no se encuentra definido o determinado por neurotransmisores; éste se vale principalmente de un acto de voluntad, de ver al otro tal como es, una persona con virtudes y defectos, a la cual elijo de manera libre donarme y entregarme, compartiendo un proyecto de vida en común. “El verdadero amor comienza cuando termina la euforia y las personas sienten un deseo profundo de tener intimidad y de ser amadas”, apunta muy bien Gary Chapman.

Dicho lo anterior, nos damos cuenta de las diferencias entre estar enamorado y amar, y cómo es que el enamoramiento es solo la antesala del amor, etapa muy importante, pero la más “sencilla” de conllevar como pareja. Amar implica mayor complejidad en cuanto a que es necesario el desarrollar herramientas adecuadas para la solución de conflictos, para lograr una adecuada convivencia y la búsqueda de metas en común para así tener una sana relación. Para amar se necesita un cierto grado de madurez personal.

Y tú, ¿ya estás preparado para amar?

LCF Francisco Peralta Dávalos
Familia Unida Guadalajara
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26/03/2014
Pronostico de Noviazgo

¿Qué pronóstico tiene mi noviazgo que va comenzando?

Cada que comenzamos una nueva relación de pareja surgen cualquier cantidad de preguntas. Muchos de los jóvenes que atiendo en consulta me piden mi pronóstico sobre su relación de pareja, me preguntan en qué deben fijarse para saber si la relación que están comenzando valdrá o no la pena, si será una cosa seria o no. Claro que cada noviazgo presenta sus particularidades y resulta imposible con una o dos premisas realizar un pronóstico completamente atinado. Con la intención de ofrecer algún tipo de respuesta a estas interrogantes, en las siguientes líneas se proponen 5 criterios que, sin ser exhaustivos, pueden servir para hacer un pronóstico sobre una relación que va comenzando.

El primer aspecto son las pautas de comunicación que se establecen desde el inicio de la relación. Es importante hablar de lo que se espera de la relación, estar seguros que ambos esperan cosas similares del noviazgo que está comenzando y para esto lo mejor es decir lo que se siente, se piensa, se quiere y se espera. En la medida en que lo esperado por cada uno sea similar (tiempo, respeto, seriedad en la relación, vida social, vida íntima, etc.), la relación tendrá un mejor pronóstico.

En segundo lugar hay que valorar la sensación de riesgo, es decir, si terminara la relación, qué pérdidas implicaría en mi vida, qué recursos se perderían con la ruptura. Ciertamente tiene que existir un riesgo en algún momento, siempre que nos donamos a otra persona, en el nivel que sea, existe cierta expectativa de reciprocidad que de no ser satisfecha quedamos expuestos a la decepción. Pero ¿qué sucede cuando me encuentro a mi mismo regateando esfuerzos y pensando en qué estrategia seguir para cubrirme las espaldas? Ese sería un buen momento para cuestionar mi actitud ante la relación y valorar el origen de esa desconfianza (¿desconfío por experiencias pasadas o esta persona no me transmite seguridad?). Más resumido, ¿lo que estoy sintiendo es ilusión o miedo?

Por otra parte es importante tener presente la postura que hay ante “las alternativas”. No se trata de comparar a la pareja con alguien más, sino entender cómo hago el planteamiento. Desde el momento en que pienso en otras opciones, estamos hablando de un indicador negativo. Si estoy pensando “lamentablemente no tengo mejores opciones”, además de devaluar a mi pareja, es también una forma de devaluarme ya que no me creo capaz de estar con quien realmente quiero estar, lo cual tampoco trae un buen pronóstico. Si por el contrario no tengo necesidad de revisar con demasiado detenimiento mis alternativas, es más probable que esté con quien debo estar.

En cuarto lugar debemos “echar un ojo” al nivel de compromiso que tiene la pareja, es decir la disposición para entregarse mutuamente, la capacidad de renuncia en beneficio de la relación. Es importante también que tanto la entrega como la renuncia vayan de acuerdo al momento de la relación y a la madurez de cada persona. No se esperaría que dos adolescentes al mes de novios, decidiera uno de ellos mudarse de ciudad para poder estar juntos, cuando por otro lado sí podría esperarse lo mismo de una relación de mayor duración entre jóvenes o adultos. El punto clave es que el nivel de compromiso no sólo sea alto sino adecuado a la etapa que está viviendo la relación.

Finalmente, para evaluar al noviazgo, se debe prestar atención a la sensación general que provoca la relación. En otras palabras, es necesario valorar lo que me hacen sentir las actividades, responsabilidades, compromisos, trato mutuo, sentimientos y emociones que se viven en esos primeros días de relación. Esto nos va a dar un pronóstico acertado de la relación ya que si la sensación generada al inicio de la relación es negativa, cuando se espera todo sea más dulce y se disimulen al máximo los problemas, estamos delante de un posible indicador de una relación tormentosa. Aunque pueden haber muchos más aspectos que revisar, estos podrían ser un buen inicio para saber si lo que estoy haciendo es realmente lo que quiero. Cuando se trata de vida de pareja debemos entender que hay mucho en juego y que nosotros somos quienes decidimos estar con la persona que estamos. Es necesario conocernos lo suficiente para poder entender mejor qué es lo que sentimos, qué es lo que queremos y así tomar mejores decisiones.

Por Alejandro Gutiérrez Rojas





11/03/2014
AÚN NO REVELO TODO

Hace poco el estadounidense y ex técnico de la CIA, Edward Snowden, el ex espía que ha puesto de cabeza al mundo debido a las revelaciones que ha hecho sobre ciertas investigaciones realizadas tanto por la CIA como por la NSA, ha advertido ¬“Aún no revelo todo”, lo cual habla de que está reservando cierta información, tal vez por temor a las represalias.

En el ámbito de la relación de pareja, muchas veces nos vamos dando cuenta de que tanto uno como el otro, no hemos “revelado” todo, quizá también por una suerte de temor a expresarnos y mostrarnos tal cual somos. En realidad es paulatinamente como nos vamos conociendo mutuamente y “revelando” al otro.

Es por medio de la comunicación que emprendemos el descubrimiento del otro. De igual manera, la comunicación en pareja es un proceso que requiere de diversos factores para que la relación se vaya desarrollando de manera adecuada, pero, para tener una relación con bases y pilares firmes, no basta con simplemente dialogar, o el tener una tertulia; es necesario el ir de los temas más superficiales y triviales, hasta los más profundos y trascendentales.

Para poder llegar a tener este nivel de comunicación, donde se puedan abordar temas realmente importantes y medulares, es necesario que exista un aspecto fundamental, sin el cual será bastante complicado el lograr una comunicación de pareja que realmente beneficie y abone a la relación: la confianza. Si somos capaces de fomentar la confianza en la relación y en la comunicación, podemos considerar que vamos en la senda adecuada, camino a una relación estable y duradera. El generar un ambiente de confianza se tiene que alcanzar en el día a día de la relación, con acciones concretas que establezcan un entorno de seguridad. El tener una comunicación de pareja en la cual exista confianza, es toda una conquista, un logro al cual vale la pena apostarle.

A continuación menciono tres factores importantes para poder fomentar la confianza en la relación y de esta manera mejorar la comunicación en pareja:

En este punto, es bastante importante el que nos cuestionemos sobre el nivel de confianza que tenemos como pareja, qué tanta información nos hemos estado reservando por temor a compartirla y qué es lo que estamos haciendo para fomentar una comunicación adecuada; ¿Qué estamos haciendo para eliminar ese “aún no revelo todo” que no favorece a la relación?

LCF Francisco Peralta Dávalos
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¿REPRIMES O ENSEÑAS A TUS HIJOS A CONTROLAR SUS EMOCIONES?

La familia es el centro de la educación y formación en la vida de un niño, desde su nacimiento hasta el inicio de la edad adulta moldea su personalidad, sentimientos, emociones y sus habilidades sociales. Es ahí, en donde la mayor parte de las conductas y las reacciones emocionales se aprenden, sobre todo de los padres.

¿Recuerdas la última vez que reprendiste a tu hijo porque lloraba desconsoladamente?, ¿O la vez que lo castigaste porque comenzó a pelear con su hermano?

Educar a los hijos no es solo influir, instruir, orientar y proporcionar habilidades académicas, es también educar su afectividad y éste es un proceso mucho más complejo: es enseñarles a conocer, expresar y a canalizar sus emociones de tal manera que fortalezcan sus relaciones y no que sea de forma contraria.

Las emociones son propias del ser humano, son procesos automáticos que se activan cuando el organismo detecta alguna situación que lo amenaza o desequilibra con la finalidad de activar recursos que impulsan a actuar con rapidez y controlar la situación. Cada persona experimenta las emociones reaccionando física y conductualmente de manera distinta, dependiendo de sus experiencias anteriores, su aprendizaje y de la situación concreta. Pero la mayoría de las veces, se aprenden por observación de las personas que están a nuestro alrededor. Los padres son una pieza clave en el desarrollo afectivo de sus hijos, es decir, del desarrollo de su inteligencia emocional.

Existen básicamente 6 categorías de emociones: miedo, sorpresa, aversión, ira, alegría y tristeza. Se clasifican en positivas o negativas en función de cómo contribuyen al bienestar o malestar, pero, todas ellas son válidas y no son buenas o malas.

Enseñar a controlar las emociones es diferente a reprimirlas: podemos enseñar que el niño aprenda a expresarlas de acuerdo con el momento, la situación y las personas presentes, que aprendan a manejarse a sí mismos con sus estados emocionales.

Desde que Daniel Goleman publicara su libro “Inteligencia Emocional” en 1995, se ha aportado un nuevo marco para educar las capacidades sociales y emocionales en los niños. Se han desarrollado programas efectivos que enseñan a los niños a regular sus emociones. Él demostró que para el desarrollo del niño y su éxito futuro, es tan importante el cociente emocional como el cociente intelectual.

Los niños se irán formando en la madurez emocional a medida que los adultos que los rodean les enseñen las habilidades de aprender básicamente a conocerse, a controlarse y ser empático con los demás. Identificar las emociones implica reconocer las señales emocionales de la expresión facial, sus pensamientos, los movimientos corporales y el tono de voz, etc.

Es necesario que aprenda que las emociones no aparecen porque sí, sin ninguna razón, sino que están asociadas a situaciones concretas que suceden a su alrededor. Cuándo es que se sienten alegres, enojados, tristes, etc.

Una vez que identifica y comprende sus emociones, seguirá enseñarles a expresarlas adecuadamente. Expresar las emociones, es hablar de cómo se están sintiendo y que los demás lo sepan, eso les ayuda a pensar y actuar de la manera más adecuada, ya que al compartir sus emociones se sentirán mejor y encontraran la ayuda de los demás. Los padres debemos propiciar que nos comuniquen cómo se están sintiendo y no invalidarlos con el típico “¡cállate y vete a tu cuarto!”

El siguiente paso será entonces que aprendan las habilidades y estrategias que les permitan regular y controlar sus emociones sin exagerarlas o evitarlas, sino que les permitan disminuirlas y sentirse más calmados.

Con éste manejo apropiado de las emociones les daremos más estructura y seguridad, pues al conocer los sentimientos y emociones que los mueven en toda circunstancia los niños se vuelven dueños de su vida ya que los enseñamos a saber cómo gobernarse a sí mismos.

Son los padres los que deben facilitarles el aprendizaje del manejo de los sentimientos y emociones mediante espacios de expresión, retroalimentación, empatía y aceptación, además de mostrar congruencia a la hora de vivirlos. Por lo tanto el desarrollo de la inteligencia emocional es un elemento indispensable que interviene en el proceso de convertir en personas sanas y maduras a nuestros hijos, además de que ayuda a crear un ambiente familiar propicio para todos sus integrantes.

M.T.S. LIDIA BEATRIZ RAMÍREZ GUZMÁN



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