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12/01/2015
El motor del amor

Existe una reflexión donde un viejo indio decía a su nieto: "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión." El nieto preguntó: "Abuelo, dime ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?" EL abuelo contestó: "Aquel que yo alimente".

Pareciera, de primera mano, que las parejas tienen dos posibles destinos: el que sean una pareja unida, feliz y exitosa, o bien, el que la pareja “fracase” y se separe, siendo esta segunda posibilidad la que parece ir ganando terreno poco a poco en la actualidad. Pero y… ¿de qué depende que nuestra pareja sea una pareja “exitosa” o una pareja que vaya rumbo al “fracaso”?: principalmente dependerá del proyecto de pareja que nosotros elijamos y “alimentemos”.

El que unas relaciones de pareja funcionen y otras se rompan no tiene mucho que ver con la “suerte” o con meras circunstancias, pero sí con cuestiones mucho más concretas de nuestro actuar en la vida de la pareja. Si llevamos nuestra relación de pareja al ritmo que nos maraca la mera improvisación y nos dejamos solo llevar por la marea, lo que podríamos esperar cosechar no sería mucho.

El motor del amor es fundamentalmente la decisión de amar, la elección y determinación de amar a esa persona por la que he optado como mi compañera de vida. Para amar hace falta determinación, “tomar al toro por los cuernos”, no podemos sentarnos y simplemente esperar que todo funcione de maravilla solo porque sí, nosotros tenemos que trabajar y hacer que la relación funcione.

Pero no todo se queda solo en la elección y decisión de amar, sino que esto se tiene que ver reflejado en la realidad de nuestra vida cotidiana, de lo contrario nos quedaremos en una fase “romántica” del amor, sería como tener el motor listo… pero no lo echamos a andar. El motor del amor se “echa a andar” con los detalles, con nuestro tiempo, dedicación y energías que destinamos a la relación; con el nivel de prioridad que le damos. Al amor hay que “alimentarlo” para que sobreviva y “gane la pelea”.

Por ahí se dice que “la pareja perfecta no existe”, y es así, no existe, pero nosotros podemos irla haciendo en la medida en que trabajemos y nos esforcemos por lograr tener nuestra propia “pareja perfecta”, eso… dependerá de nosotros.

LCF Francisco Peralta Dávalos