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09/12/2014
Libertad para amar

Sin libertad no tendríamos la posibilidad de amar. El amar es un acto de libertad en sí mismo, es una elección, una decisión que se reafirma y consolida en el día a día. El amor es un camino en el que la libertad es indispensable para poder llegar a la meta.

Una de las facultades características del ser humano es la libertad de la que goza, el hombre por medio de su voluntad puede elegir entre una cosa u otra, tiene la posibilidad de realizar una acción o no ejecutarla, incluso podemos decidir el pensar de una u otra manera, el dar rienda suelta a una idea o detenerla. Esto es uno de los diferenciadores clave que tenemos con respecto al resto del reino animal; inclusive la voluntad es catalogada como una de las facultades superiores del ser humano.

¿Qué necesidad tenemos de pasar nuestra vida con otra persona?, necesidad como tal… ninguna. Es precisamente que haciendo uso de nuestra libertad tomamos la decisión de elegir a una persona con la cual compartir nuestra vida y emprender un proyecto en común. En la celebración del matrimonio es donde se ve reflejada esta voluntad de los novios por consolidar la decisión de unirse, convertirse en esposos, e incluso se hace pública su decisión de amarse por el resto de sus vidas.

No es coincidencia que tanto en los “ritos” o fórmulas que se dictan tanto en las celebraciones de carácter legal como de carácter religioso se mencione y se haga hincapié en que la pareja en cuestión se encuentra realizando este acto de manera completamente libre y sin presiones de cualquier índole. Esto que se implementa en el momento de la boda deja entrever uno de los requerimientos esenciales no solo del matrimonio, sino del amor: la libertad.

La libertad es uno de los cuatro elementos fundamentales del amor (libre, total, fiel y fecundo), de tal manera que en un escenario donde no se cuenta con libertad difícilmente podemos hablar de amor. Lamentablemente en muchas ocasiones nuestra libertad se ve dañada o viciada por diversos hechos o acontecimientos que pueden ir, por ejemplo, desde intereses económicos o sociales, hasta miedos personales (a la soledad por mencionar alguno) o amenazas expresas. Todo esto debe evitarse en la búsqueda de una relación de pareja sana y emocionalmente exitosa.

En la actualidad se ha ido tomando una percepción del matrimonio y de la vida de pareja como un entorno donde se limita nuestra libertad, como algo que hay que buscar evitar con la finalidad de poder desarrollarnos plenamente, pero nada más alejado de la realidad, ya que por el contrario, nuestra libertad se ve consumada y ejercida al continuamente sostener nuestra decisión y elección de amar a nuestro cónyuge, este es uno de los actos más valiosos dentro del matrimonio y que muchas veces no valoramos; elegir a lo largo de nuestra vida el estar donándonos al otro.

La libertad en el amor no es el vivir un libertinaje en la relación, donde cada uno de los esposos pareciera más bien llevar una vida de soltero y sin ningún compromiso. La auténtica libertad se ve reflejada en el respetar y vivir las promesas nupciales que pronunciamos el día que concluimos nuestro ciclo de noviazgo y comenzamos el reto y la aventura de conformar un nuevo hogar. Todo esto, porque así lo hemos querido.

LCF Francisco Peralta Dávalos