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07/04/14
PERDONAR O NO PERDONAR

Perdonar viene del latín del prefijo per, que intensifica el verbo que lo acompaña; donare es dar, por lo tanto perdonar significa: dar con abundancia.

Cuando una persona se siente ofendida, lastimada por una ofensa de injusticia, ingratitud, maltrato emocional o físico, traición, etc. sufre un impacto que lo lleva a reaccionar contra su agresor; en ese instante surgen sentimientos de coraje, odio, venganza, ira, resentimientos. Por lo general el ofendido reflexiona sobre el por qué tener que perdonar y al no hacerlo se queda encarcelado en sus sentimientos negativos que lo dañan física, mental y emocionalmente.

¿Qué hacer cuando la otra persona no sólo no pide perdón sino parece gozar la situación de dolor del otro?, ¿perdonar?, ¿por qué? La primera reacción del ofendido es alejarse del ofensor y aplicarle la ley del hielo, esto es, no hablarle. En segundo lugar es no olvidar y sí traer a la memoria, con insistencia, la ofensa acompañada de sentimientos negativos.

¿Qué más sucede? Sin querer, el agredido se construye su propia prisión y va poniendo y agregando a su persona grilletes de sentimientos negativos que le impiden elevarse y vivir su vida en libertad. Estos sentimientos le hacen vivir con una carga pesada que le impide o le entorpece realizar sus actividades, le roban energía para cumplir sus sueños.

Por otra parte está comprobado científicamente que los pensamientos y emociones impactan la salud total de la persona positiva o negativamente. ¿Perdono? Es decir, decido liberarme de la carga para realizar con plenitud mi proyecto de vida.

Si mi respuesta es negativa, no perdonar, tengo el resultado de beber el veneno del resentimiento, de llenar de toxinas el corazón, esas toxinas afectan al resentido y a las personas que lo rodean, que deben soportar muchas veces la amargura y quejas del herido. Mientras que el agresor duerme tranquilo y sin problemas.

El resentido, centrado en el resentimiento, se olvida de ver y valorar las cosas que tiene, los regalos diarios de la vida, debido a que permanece encerrado en su propia cárcel y por lo tanto no puede disfrutar y agradecer los dones que le presenta la vida.

La persona que perdona puede aprovechar las enseñanzas de vida del dolor vivido; por ejemplo si se recibió incomprensión de un hermano, aprende a ser comprensivo con el otro

para no causar el mismo dolor, si un amigo lo traiciona, o comete una injusticia, puede aprender la lección de la lealtad y la justicia con los demás.

Agradecer es la mejor medicina para superar los sentimientos del resentido. Esto sólo se logra cuando se ha resignificado el dolor y se ha valorado el impacto que tuvo en el crecimiento y madurez de la persona.

También permite que salga del interior la grandeza del alma al responder con bondad, comprensión, da la posibilidad de dar lo mejor que se tiene.

Entonces qué camino tomar: ¿Perdonar o no perdonar?

MPP María Teresa González Maciel
Terapeuta de Familia Unida